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Los termómetros globales y los sensores boyantes en el Pacífico ya confirmaron lo que la ciencia venía advirtiendo: el fenómeno de El Niño ha regresado. Sin embargo, reportar este evento en 2026 ya no puede limitarse al vaivén tradicional de lluvias y sequías.

Este Niño no es el mismo de hace tres décadas. Hoy se despliega sobre un planeta alterado por la quema de combustibles fósiles y sobre un océano que encadenó temperaturas récord consecutivas entre 2023 y 2025.

El calentamiento global está operando como un multiplicador de fuerzas: elevó la línea base térmica del planeta y está transformando una anomalía meteorológica recurrente en una crisis humanitaria, económica y ambiental de gran magnitud en América Latina y el Caribe.

Nuestra región ya experimenta esta doble asimetría: mientras la atmósfera “sedienta” evapora la humedad y convierte la Amazonía y el Corredor Seco Centroamericano en pólvora para incendios forestales, el Cono Sur enfrenta lluvias torrenciales que saturan infraestructuras urbanas obsoletas.

El impacto no discrimina geografía, pero las desigualdades sociales de nuestros países sí deciden quién se queda sin agua potable, quién pierde su cosecha o quién sufre el repunte del dengue.

Ante este panorama, el periodismo reactivo —el que solo cuenta los milímetros de agua caídos o el número de damnificados— se queda corto. El desafío actual es pasar de la crónica de la catástrofe a la fiscalización de los presupuestos de adaptación, el análisis de la inflación climática y la exigencia de justicia ambiental.

En Periodistas por el Planeta (PxP) hemos publicado la guía “El Niño: Una guía para entender y explicar este fenómeno, y su relación con el cambio climático”, con el fin de ofrecer herramientas científicas y narrativas que apoyen a los periodistas en sus coberturas.

La guía es un recurso indispensable para desenredar los mitos del fenómeno, encontrar nuevos ángulos informativos (como el impacto invisible en la salud mental de los agricultores o el jaque a la transición energética) y consultar a las voces expertas de la región.

Si el clima cambió de forma irreversible, nuestra manera de contar las historias debe cambiar con él.