Por Marina Aizen

Con las noticias aún tan calientes llegando desde los Estados Unidos, quizá nos cueste entender cuán importante fue el triunfo de Joe Biden en lo que concierne al futuro del clima, algo que repercutirá tanto en ese país como aquí, en la Argentina, aunque tan lejos estemos.

El Presidente Electo no sólo llega con un mandato contundente para emprender la descarbonización de la economía de los Estados Unidos, sino también para empujar esa agenda a nivel global, algo que ya hemos visto en la administración Obama, que logró el Acuerdo de París.

El plan climático de Biden es el más ambicioso de la historia y comprende una acción multi-agencia, a todos los niveles del Estado, no sólo de las autoridades ambientales. Este es un cambio significativo, un enfoque que deberíamos seguir bien de cerca.

Entre los primeros pasos que dará el nuevo mandatario el 20 de enero, cuando asuma el control de la Casa Blanca —donde hoy se atrinchera Donald Trump—, será regresar al Acuerdo de París. Luego, regresará también todo el poder de su diplomacia.

Exfuncionarios argentinos recuerdan todavía cómo los negociadores norteamericanos, que estaban alicaídos bajo Trump, les solían torcer el brazo en los pasillos, haciendo la presión a veces insoportable. Prepárense muchachos: eso volverá al centro de la escena. 

Hoy, el consenso global sobre las amenazas del clima se afianzó respecto de 2015, cuando se negoció el texto parisino. Hay más jugadores que antes en la cancha de la carbono neutralidad, con China, Japón, Corea del Sur, la Unión Europea y el Reino Unido impulsando la acción. No nos vamos a poder quedar al margen de eso.

En todas las conversaciones que Biden tuvo con mandatarios extranjeros, que fueron varias, se habló del clima. Una y otra vez.

A nivel doméstico, el Presidente Electo encontrará escollos si no logra en enero recapturar la mayoría en el Senado —que está en juego en unas elecciones especiales en Georgia, donde hay segunda vuelta para dos asientos en la cámara alta.

Pero, aun así, es mucho lo que puede hacer un presidente de los Estados Unidos con su sola autoridad. Y no sólo se trata de desandar el camino que emprendió Trump, anulando regulaciones de la era Obama, sino de llevarlas mucho más lejos.

Según el diario The Washington Post, esto podría incluir: “Pagar a los agricultores y propietarios de bosques para que almacenen carbono en sus suelos y tierras; impulsar la electrificación de automóviles y camiones a través del Departamento de Transporte; y desarrollar una política climática en el Departamento del Tesoro que promueva la reducción de carbono a través de políticas fiscales, presupuestarias y regulatorias”.

Exfuncionarios del gobierno de Obama le entregaron a Biden un plan de 300 páginas, llamado Climate 21 Project, con medidas que el gobierno federal pueden empezar ya, sin esperar a que Mitch McConnell, el líder republicano del Senado, le empiece a hacer bullying.

Lo que resultará clave es la inserción del factor climático en las regulaciones financieras. La Reserva Federal, que hace las veces de Banco Central en los Estados Unidos, ya dio señales en ese sentido.

Una buena señal es la elección de Ron Klain como futuro jefe de gabinete, un hombre de larga trayectoria dentro de diversas administraciones demócratas, que cuenta con el beneplácito del ala progresista. De hecho, está casado con una latina que es abogada y activista ambiental.

Si bien, en la campaña, Biden se comprometió a no prohibir el fracking —una estrategia para tratar de asegurarse los votos en Pennsylvania, que le terminaron dando el triunfo electoral—, sí prometió iniciar la transición energética.

Es curioso: al final, en la mayoría de los Estados donde hay fractura hidráulica, los votos terminaron volcándose a favor del demócrata. Es decir, este dilema shakesperiano, de ser o no ser con el fracking, terminó siendo en vano. En cambio, quedó muy claro que el sufragio juvenil, para el cual la agenda del clima es vital, fue un factor clave en su victoria.

La transición energética ya estaba en marcha en los Estados Unidos. En el último año, bajaron 3% las emisiones en la generación de electricidad. Sin embargo, la presencia de Biden en la Casa Blanca profundizará mucho más ese cambio, haciendo cada vez más obsoleto el libreto del gas, el carbón y el petróleo.

Se viene una era de grandes transformaciones, pero no sin contradicciones. Lo que nos toca ahora aquí, en la Argentina, es ajustar nuestro libreto de desarrollo a los cambios que se vienen. Leer correctamente el escenario internacional nos ayudará a desarrollarnos mejor a nosotros también, aliviar la pobreza y garantizar un futuro para nuestros hijos.

Marina Aizen
Marina Aizen

Periodista. Autora de los libros “Contaminados, una inmersión en la mugre del Riachuelo” y “Trumplandia”. Ex-corresponsal en Naciones Unidas y en Nueva York. Premio Inter Press Service (IPS)-Ambev del Agua, Príncipe Alberto II de Mónaco y UNCA. Cofundadora de PxP.