Este mes de febrero, algunos territorios de México y la mayor parte de Centroamérica han reportado temperaturas por debajo de los 15°C, algo que –aunque es posible– no es común en el sur de México y el istmo centroamericano, sobre todo a inicios de la estación seca (verano).
Guatemala, por ejemplo, registró temperaturas de hasta -2°C en zonas altas como Quetzaltenango. El Salvador tuvo récords históricos en áreas montañosas con temperaturas cercanas a los 3°C. En Costa Rica se reportaron temperaturas por debajo de los 15°C en ciudades como San José y Cartago, también se registraron ráfagas de viento entre 70-90 km/h, incrementándose a 110 km/h en las cordilleras de Guanacaste y Talamanca.
En cuanto a México, se reportaron temperaturas de hasta -15°C en las sierras de Chihuahua y Durango, también se produjeron alertas por heladas en la Ciudad de México y el Estado de México.
La razón: un empuje frío. Un empuje frío es un sistema que combina aire frío, presión atmosférica y vientos que se desplaza desde latitudes altas del continente hacia los trópicos. Al ser aire frío y denso, este sistema “empuja” (de ahí su nombre) el aire hacia latitudes más bajas.
Precisamente, este empuje frío tiene su origen en una masa de aire polar que se desplazó desde el norte del continente (Canadá y Estados Unidos), cruzó el Golfo de México y llegó a Centroamérica a través del mar Caribe.
Entre noviembre y febrero es usual que ingresen empujes fríos por el mar Caribe. Eso sí, menos gélidos.
Aire polar en el trópico
Para ayudarnos a entender lo que pasa, recurrimos a Kristina Dahl. Ella es vicepresidenta de ciencia en Climate Central. Dirige las actividades científicas de la organización y ayuda a diseñar análisis que permitan relacionar determinados eventos con el cambio climático.
Nos explicó que, el frío sentido en México y Centroamérica, hace unos días estaba en Ártico. Dahl mencionó que:
“En muchos casos, cuando se observa que el aire extremadamente frío del Ártico desciende hacia las latitudes medias o bajas en invierno, el vórtice polar y la corriente en chorro polar están involucrados de alguna manera. Cuando el vórtice polar se debilita, a menudo debido a temperaturas más altas de lo normal en el Ártico, la corriente en chorro polar se vuelve más ondulada y el aire frío del Ártico puede penetrar hacia el sur. Ese parece ser el caso en este momento”.
Aclaremos qué es un vórtice polar. Es un gran área de baja presión y aire extremadamente frío que rodea los polos de la Tierra (tanto el Norte como el Sur). En el caso de Canadá, Estados Unidos, México y Centroamérica, el vórtice que afecta es el ártico.
Este vórtice polar ártico no se comporta como una tormenta que avanza y luego se desvanece, más bien es una circulación persistente de vientos a gran altura que giran en sentido contrario a las manecillas del reloj en el Polo Norte. El borde del vórtice está definido por la corriente en chorro (jet stream), que actúa como una muralla de viento que mantiene el aire gélido confinado en el Ártico.
Cuando el vórtice es fuerte, los vientos de la corriente en chorro son muy veloces y mantienen una trayectoria circular casi perfecta. El frío se queda “encerrado” en el polo. Pero, ocasionalmente, el vórtice se debilita y cuando esto pasa, la corriente en chorro se vuelve ondulada, como un río que serpentea y tiene muchas curvas. Es en estas “curvas” por donde el aire ártico se escapa hacia el sur, causando los empujes fríos.
“Es importante distinguir el vórtice polar débil que hemos visto estas últimas dos semanas de una tendencia a largo plazo en la fuerza del vórtice polar y la corriente en chorro”, advirtió Dahl.
Excepcionalmente raro
Algunos científicos aducen que el debilitamiento del vórtice polar ártico podría estar relacionado directa o indirectamente con el calentamiento acelerado del Ártico. Al respecto, Dahl mencionó que este es un tema que está en investigación y, por tanto, aún no se tiene una explicación concluyente.
“Hay algunas pruebas que sugieren que, a medida que el planeta se calienta, la corriente en chorro se vuelve más ondulada porque el Ártico se calienta más que los trópicos. Si ese es el caso, entonces el cambio climático podría, contrariamente a lo que se podría pensar, provocar más brotes de vórtices polares, incluso aunque el clima se calentase en general”.
“Sin embargo, la ciencia aún no ha llegado a una conclusión definitiva al respecto, y es importante recordar que las olas de frío como esta son fenómenos meteorológicos a corto plazo, mientras que la tendencia a largo plazo es hacia veranos e inviernos más cálidos en casi todo el planeta”.
Kristina Dahl, vicepresidenta de ciencia en Climate Central.
Climate Central cuenta con una herramienta que se llama Índice de Cambio Climático (CSI, por sus siglas en inglés). Para la semana del 1 al 5 de febrero de 2026, la herramienta muestra un CSI -5, lo que significa que temperaturas como estas se están volviendo excepcionalmente raras con el cambio climático.
Al respecto, Dahl dijo:
“Un CSI de -5 indica que el cambio climático está haciendo que las temperaturas que está experimentando Centroamérica sean mucho menos probables. Incluso en un clima más cálido en general, seguimos esperando ver algunas olas de frío como esta, solo que son menos probables y, potencialmente, menos frías. Así que, aunque no podemos afirmar con certeza que el cambio climático provoque más brotes de vórtices polares y una corriente en chorro más ondulada, sí podemos afirmar con certeza que el cambio climático está haciendo que estas temperaturas extremadamente frías sean menos probables en general”.
En otras palabras, aunque la temperatura promedio de la Tierra está subiendo, el sistema climático se vuelve más errático. La ciencia nos dice dos cosas claras: por un lado, las olas de frío extremo son cada vez más raras (menos probables), pero también nos dice que, cuando ocurren, suelen ser menos graves que hace 100 años porque parten de una base más cálida. Sin embargo, como el contraste térmico es mayor, se sienten bastante.


